Hay dos tipos de personas en un festival: la que lleva exactamente lo necesario y la que parece que va a mudarse tres días. Si quieres disfrutar de verdad, conviene estar mucho más cerca del primer grupo.
Lo básico casi siempre es esto:
- identificación oficial o documento necesario;
- boleto o accesos listos y respaldados;
- batería externa;
- cable para tu celular;
- impermeable ligero o chamarra fácil de guardar;
- dinero o método de pago que sí vayas a usar;
- bloqueador, si el evento va a pegarte horas de sol;
- una bolsa práctica y cómoda.
También ayuda llevar un mini plan mental: con quién vas, en qué momento se van a dividir si pasa, cómo se van a reencontrar y qué harás cuando salgan. No es ser intenso. Es ahorrarte ese momento de “espérame, no sé por dónde estoy”.
Lo que no conviene llevar suele ser igual de importante. Entre más cargues, más te estorbas. Entre más cosas valiosas dejes sueltas, más te desconcentras. Entre más improvises, menos te dura la energía.
Evita:
- objetos innecesarios que solo pesan;
- cosas de valor que no necesitas enseñar todo el día;
- envases o artículos que probablemente no te van a dejar pasar;
- ropa incómoda solo porque “se veía mejor en foto”.
El mejor look de festival sigue siendo el que te deja caminar, esperar, cantar y regresar sin arrepentirte. Y sí, eso incluye zapatos que no te traicionen a media jornada.
Si sales desde Toluca, otra ventaja de llegar con ruta organizada es que puedes enfocarte en el festival y no en el rompecabezas de cómo entraste, por dónde sales y con qué ánimo te vas a devolver cuando ya todo el mundo está corriendo.
Empaca ligero. Piensa práctico. Y guarda energía para lo importante: el momento en que tu banda sube al escenario.
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